ENTREVISTA A MARÍA VICTORIA RUIZ: “En este mandato me gustaría que el Taller de Vida Independiente prosiga su curso y vaya a más, así como lograr una inserción laboral verdadera”

La nueva presidenta de la Coordinadora de Asociaciones para la Integración en Antequera y Comarca nos detalla cómo han sido los primeros meses en este cargo


La nueva presidenta de la Coordinadora de Asociaciones para la Integración en Antequera y Comarca, María Victoria Ruiz Arjona, nos explica cómo ha vivido los primeros meses al frente de CASIAC. El cargo lo asumió en el mes de marzo, relevando a Rosi Morón. Es maestra de Educación Infantil y ejerce en el Colegio Reina Sofía de Antequera desde hace siete años. Su vinculación con este colectivo llegó de la mano de su hijo con TEA, pues, tal y como ella misma afirma: “tenía la necesidad de buscar un grupo de ocio y tiempo libre para mi hijo”. Eso la llevó a colaborar en primera persona con la actividad que venían desarrollando, hace aproximadamente unos cinco años, involucrándose en propuestas como la del Mercadillo Solidario o toda aquella en la que pudiera echar una mano en la medida de sus posibilidades. Aceptó la propuesta de ponerse al mando de CASIAC, un camino en el que está acompañada por una Junta Directiva con personas con experiencia y otras nuevas. Hoy, nos cuenta cómo han sido estos meses y los objetivos futuros marcados.

Lleva ya unos tres meses como presidenta de CASIAC. ¿Qué valoración hace de este primer trimestre al frente de la Coordinadora?
Ha sido un periodo muy intenso. Aunque estás en contacto con la Coordinadora, no estás inmerso de lleno en todos los talleres, en todas las actividades y en todos los proyectos que se llevan a cabo con los demás usuarios. Entonces, como a todos los sitios a los que llega uno de nuevo, tienes que pagar un poco la ‘novatada’.


Ha sido intenso, como venía diciendo, porque he intentado ponerme al día de todo lo que se trabaja, todos los requisitos, todos los protocolos o todas las cuestiones que se llevan a cabo en la Junta Directiva. Pero, además, han sido meses muy buenos, pues en este trimestre se han realizado varias actividades: charlas con las subvenciones de la Diputación, el tema de la vivienda tutelada, talleres de vida independiente o la Semana por la Diversidad… En fin, muchas cosillas.


Me gusta porque es un reto, aunque lógicamente hay ‘miedo’ pues hay que tener en cuenta que la anterior Junta Directiva y la presidenta lo han hecho muy bien y han dejado el listón muy alto. Hay que mantener esa línea.

¿Qué la ha llevado a coger las riendas y ponerse al frente de este colectivo?
A mí me gusta aportar mi grano de arena en todo lo que pueda. Tanto a mi marido como a mí nos gusta involucrarnos al cien por cien.


Es muy cómodo que otras personas hagan las cosas y decir, desde fuera, lo ha hecho mejor o peor cuando tú estás tranquilo. A nadie nos gusta echarnos una responsabilidad más, porque todos tenemos una vida bastante acelerada y movida, pero también es verdad que alguien tiene que hacerlo y, si me toca hacerlo a mí, pues me ha tocado. Uno se estructura de una forma, se organiza, delega, pide ayuda y para adelante, porque alguna vez tiene que ser. No puede ser que siempre hagan las cosas los demás, también le toca a uno.

¿Le costó dar el paso?
La verdad es que no me costó trabajo, sino que tenía miedo, si soy sincera. No sabía si iba a poder estar a la altura, si iba a poder sacar el tiempo necesario, porque mi prioridad básicamente es mi familia y yo lo que no quería era dejar de lado cosas que eran importantes para mí. Sin embargo, hasta ahora, tanto mi marido como yo, nos vamos organizando bastante bien y vamos haciéndolo poquito a poco como podemos. Y, aquí estamos, el primer trimestre lo hemos superado.

¿Quiénes la acompañan como integrantes de la Junta Directiva?
Como secretario está Arturo Gámez, que a la vez es representante de la Asociación Neurotea, que también pertenece a la Coordinadora. Tenemos como tesorero a Francisco Díaz Argüelles, que también es representante de la Asociación Espina Bífida. También está Josefina del Río Jiménez, que es la representante de ADIPA y yo, como representante de ADA, que es una representación de padres de los que no estamos asociados a ninguna de las asociaciones y a la vez ejerzo la presidencia. Tanto Arturo como Francisco repiten cargo, mientras que Josefina entra también nueva en la Junta Directiva.

¿Os han dado algún consejo para asumir este nuevo reto?
La trabajadora social que estaba con nosotros, Isabel Pérez, que era extraordinaria y ha hecho una labor maravillosa, ya no está en CASIAC. Ahora tenemos a Milagros Sánchez Frías, que está hecha un brazo de mar. Venía ya de otra andadura muy intensa y muy gratificante de la Asociación de Alzheimer y se ha acoplado rápidamente. Con las técnicos y las monitoras que tenemos para los diferentes talleres hacen un equipo muy bonito y muy compenetrado.


El consejo que nos han dado es aguantar chaparrones y aguantar lo que venga por los chicos y por los jóvenes. No queda de otra, porque, tal y como está la situación, que cada vez estamos viendo que hay más déficit en aportaciones para educación, para sanidad… El colectivo de las diversidades funcionales es un colectivo muy vulnerable y no está recibiendo todo lo que necesita.


Entonces, luchar, luchar y no cansarnos. Si no somos nosotros, los padres y los profesionales que estamos al cargo, los que luchamos por ellos, ¿quién lo va a hacer? Así que mantenernos firmes y no perder el ánimo y la esperanza.

“En un primer momento sentí miedo, porque no sabía
si iba a estar a la altura del cargo. Sin embargo,
el primer trimestre lo hemos superado”

¿Van a seguir la misma línea de trabajo del anterior equipo?
Sí, por supuesto. ¿Si una cosa funciona bien, para qué cambiarla o darle la vuelta? Lo que sí estamos ahora es cambiando un poco los estatutos que se habían quedado obsoletos, así que vamos a renovarlos y modificarlos, así como también vamos a modificar el reglamento de organización y funcionamiento.


Vamos a tener una serie de reuniones, porque tenemos talleres en los que queremos escuchar la voz de los padres y que nos digan lo que les parece que se podría mejorar, lo que no o lo que quieren que se refuerce. Estamos en momentos de cambio, de asentamiento, de renovación y de actualización.


La línea de trabajo hasta ahora ha funcionado muy bien y las empleadas se lo curran mucho y están siempre innovando y metiendo cositas nuevas que funcionan muy bien. Los jóvenes están muy contentos, así que vamos para adelante.

¿Hay algún proyecto o algún servicio que le gustaría dejar implantado en este primer mandato, de dos años, como presidenta?
A mí, si digo la verdad, lo que me gustaría es que el Taller de Vida Independiente que se está haciendo en el piso, y que ha empezado la fase dos, haya avanzado mucho más. La fase uno sería ir a un taller de dos ahoritas a la semana; la fase dos en la que están los jóvenes supone que van un sábado al mes y están de once a siete de la tarde; y la tercera fase sería que ya se queden allí a dormir.


Cuando me salga de la presidencia, me encantaría que ya echaran más de un fin de semana y que la intervención del técnico fuera mínima. También lo que sería mi sueño es que pudieran tener una inserción laboral verdadera, que pudieran encontrar su hueco en las empresas de Antequera. Hay que perder el miedo a contratar a una persona con discapacidad, con diversidad funcional. Puede parecer que, en un principio, pueda ser un lastre pero, en cambio, es algo muy enriquecedor y tiene un aprendizaje muy bonito para todos los empleados porque, aunque parezca que no, todos pueden hacer algo. Ellos se lo curran para hacerlo lo mejor posible.


En un principio tendría que estar por dos años, que es lo que dura el mandato. Es poco tiempo para todo lo que hay por hacer, pero por lo menos, como decía mi padre: sembrar los espartos para que, si no soy yo la próxima persona que venga, la próxima Junta lo pueda seguir consolidando.

¿Está en el punto de mira el poder atender a más personas?
La verdad es que me encantaría poder llegar a todo el que lo solicitase, pero la verdad es que las instalaciones que tenemos son limitadas y el personal también. A más usuarios, más personal, lo que conlleva más gastos. Si contratamos a más personas, hay que tenerlas en condiciones laborales óptimas.


Tenemos un dinero limitado que proviene de las subvenciones que solicitamos a administraciones, la aportación de los padres con sus cuotas o lo recaudado en eventos como el Mercadillo o actividades como el Torneo de Golf que hemos hecho otras veces. En fin, y con ese dinero es con el que contamos.


También está la opción del voluntariado, que es muy valioso para nosotros. Y, desde aquí, pues llamo a los antequeranos a que se sumen a la labor del voluntariado.

“La nueva sede es un sitio muy versátil, que da
mucho juego, y los jóvenes han estado bien y
están muy contentos con ella”

Recientemente, habéis cambiado también de sede. ¿Cómo está funcionando este nuevo espacio?
La verdad es que muy bien, porque tiene muchas cualidades positivas. Primero, es un local con mucha luz, muy alegre. Y, luego, está ubicado en un lugar que también permite aparcar más fácilmente. Del mismo modo, tiene una plazoleta muy amplia delante que también da mucho juego para hacer, en un momento determinado, actividades al aire libre. Tenemos el parque Atalaya muy cerca, tenemos locales, establecimientos o supermercados para que los jóvenes puedan igualmente hacer Taller de Manejo del Dinero, por ejemplo.


Es un sitio que es muy versátil, que da mucho juego. Además, los jóvenes han estado bien y están contentos con el sitio nuevo.

Y, para concluir la entrevista, ¿qué le gustaría decir?
Mi conclusión como madre, como maestra y como presidenta de CASIAC es una máxima inclusión de los jóvenes con diversidad funcional en nuestra sociedad. Es muy triste que tú tengas que ir mendigando amistad, ayuda, porque nadie está exento de esto. Hay jóvenes que nacen con su diversidad y hay jóvenes que la adquieren por desgracia, vamos a decirlo así, por diferentes circunstancias. Entonces, si ya es duro para la familia tener que normalizar y vivir con una situación así, pues más duro es cuando no encuentras el apoyo que necesitas de tu entorno.


Pediría más solidaridad, más solidaridad humana, y preguntarse en qué se puede ayudar: ¿Puedo hacer un voluntariado? ¿Puedo ofrecerle a este joven que venga a mi establecimiento terminadas horas de la semana para poder echar una mano y que se sienta útil, su autoestima crezca y que se sienta empoderado?


Ellos tienen su diversidad funcional, pero no son tontos, se dan cuenta del rechazo y del aislamiento. Y es muy triste porque tienen mucho, muchísimo, que dar y muchísimo que enseñar a todos.