Antequera se rinde al Nazareno del Socorro en la procesión extraordinaria por sus 300 años

Hay procesiones que hay que vivir. Y la del pasado sábado en Antequera fue de esas que se guardan en la memoria con olor a incienso. El Nazareno del Socorro, el Señor que lleva tres siglos mirando a la ciudad con la misma serenidad, volvió a salir a la calle para celebrar su 300 aniversario, y lo hizo con el barrio echado encima, los balcones engalanados y el corazón latiendo al compás de la Banda de Música de la Vera Cruz de Campillos.

Desde la iglesia de Santa María de Jesús, el párroco Tomás Pérez pronunció una oración íntima, con las puertas aún cerradas. Afuera, la gente aguardaba en silencio hasta que a las siete en punto se abrieron las puertas y comenzó la historia.

El trono lucía nuevo esplendor. El dorado recién terminado por la restauradora Cristina González, de Artekira, devolvía a la canastilla su brillo de antaño. Coronaban al Nazareno tres estrenos de lujo: corona, potencias y pectoral, diseñados por Salvador de los Reyes y ejecutados por José Cantos. Y, como colofón, los candelabros laterales plateados en Sevilla por el taller de Luis Jiménez. Todo, con el sello de los devotos que no entienden de medias tintas cuando se trata de su Señor.

El Hermano Mayor de la Cofradía del Socorro, José Ignacio Sancho, no podía ocultar su emoción: “Fue una jornada histórica para la Archicofradía; cada punto del recorrido tuvo su magia. Desde la salida hasta el encierro, todo se vivió con una intensidad que difícilmente se repetirá”.

El otoño quiso disfrazarse de verano en una tarde calurosa y los hermanacos, enfundados en terciopelo negro, sudaban la fe. Pero nadie se quejaba. Las calles se abarrotaban y los balcones de Herradores, Peñuelas o Nueva se llenaron de pañuelos blancos, pétalos y emoción.

No faltaron los imprevistos a la salida. Cuando el cortejo ya estaba formado, la procesión tuvo que detenerse frente a varios coches mal aparcados en calle Rastro. Una grúa tuvo que intervenir mientras la gente que aguardaba subía a las aceras para ver qué ocurría. “Fue una circunstancia ajena a la Cofradía”, admite Sancho, “una vez despejado el paso, recuperamos el tiempo”. La procesión retomó su pulso con elegancia, sin prisas y con ese compás que da la experiencia de sus hermanacos.

Por delante, la bandera de la Archicofradía y el guion con miembros de la junta; detrás, penitentes, cirios, el Sol Eucarístico de Plata, el estandarte del Nazareno y una campanillera marcando el ritmo. Bajo el trono, unos 120 hermanacos se repartieron en tres turnos: los del Nazareno abrieron y cerraron, y en medio se sumaron los de la Cruz de Jerusalén, la Virgen del Socorro y algunos afortunados que esperaban su turno desde hacía años.

La banda de la Vera Cruz de Campillos fue otro de los grandes aciertos. Sonó con oficio con esa manera de interpretar que levanta el trono sin tocarlo. Cada marcha fue un diálogo el arte musical y las mecidas de los hermanacos.

Hubo petaladas en calle Peñuelas y Nueva, lluvia de aleluyas en el Arco del Nazareno y un aire cofrade, muy parecido al de Semana Santa, por todo el recorrido. La ciudad, adornada con banderines y frases dedicadas al Señor, parecía celebrar tres siglos de historia como si fuera el primero. Momento especial en San Sebastián con el giro en la fuente y presidido por el guión antes de uno de los momentos más esperados de la procesión.

Al final, llegó la Vega. El Nazareno avanzaba entre aplausos y lágrimas cuesta arriba, bajo la mirada vigilante de una Antequera que se reconocía en Él y con cientos de personas que quisieron correr, como si del mes de abril se tratase, para celebrar los 300 años de historia.

Llegó al Portichuelo a las pasadas las 11 de la noche, con unos hermanacos exhaustos por el calor. Para finalizar, la ayudante del hermano mayor, que no paró de emocionarse en todo el recorrido, dio el último “arriba”, al son de “Melodía de Viernes Santo” para cerrar una día histórico para la Archicrofradía, cerrando un año de cultos en torno al aniversario de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Socorro.