La histórica talla del Monasterio de Jesús María del Socorro regresa al culto después de una intervención integral financiada por la Fundación Unicaja que ha permitido asegurar su conservación para las próximas generaciones
La imagen de San Francisco de Paula vuelve a lucir en todo su esplendor en el Monasterio de Jesús María del Socorro de Archidona tras culminar un complejo proceso de conservación y restauración que ha permitido recuperar la estabilidad estructural y los valores artísticos de una de las tallas más relevantes del patrimonio municipal.
La presentación de la talla restaurada tuvo lugar el pasado sábado en la iglesia del convento de las Mínimas, en el transcurso de una solemne eucaristía que reunió a numerosos vecinos, representantes institucionales y miembros de la comunidad religiosa para celebrar el regreso de la imagen a su emplazamiento habitual.
La actuación ha sido posible gracias a la financiación de la Fundación Unicaja y al impulso del archidonés Antonio Romero, cuya iniciativa permitió poner en marcha un proyecto que los especialistas consideraban necesario para garantizar la conservación futura de la obra.
Durante el acto, el alcalde de Archidona, Juan Manuel Almohalla, destacó el valor de la colaboración entre entidades y ciudadanía para proteger el legado histórico del municipio. “Es momento de agradecer principalmente a Fundación Unicaja por hacer posible esta restauración, y a los restauradores por el magnífico trabajo que nos va a permitir disfrutar de varios siglos de este San Francisco en su máximo esplendor”, señaló el regidor, quien también recordó la importancia histórica de la orden religiosa en el nacimiento de las cofradías archidonesas.
Por parte de la Fundación Unicaja, Emilia Garrido puso el acento en la dimensión cultural y sentimental que la imagen representa para la población. “La intervención ha permitido no solo recuperar su estabilidad y su lectura estética, sino también salvaguardar un bien que forma parte de la identidad colectiva y de la memoria de este lugar”, afirmó, reiterando el compromiso de la institución con la conservación del patrimonio histórico.
La restauración ha sido ejecutada por los especialistas Isabel María Rabadán del Saz y Juan Alberto Filter Peinado, quienes se encontraron con una situación especialmente delicada. El estudio previo reveló graves problemas estructurales derivados del deterioro de la madera y del ataque de insectos xilófagos, especialmente en la zona de apoyo de la escultura.
Según explicaron los técnicos, la imagen presentaba una “separación prácticamente 100% con la peana”, mientras que el empeine izquierdo se encontraba completamente fracturado, comprometiendo seriamente su estabilidad. Para corregir estas deficiencias se diseñó un nuevo sistema de anclaje mediante cajas de pino curado que, según detallaron, “abrazan a los tacos originales de madera de la imagen para darle más superficie de contacto a esos tacones con la peana”.
Los trabajos desarrollados han incluido un tratamiento de desinsectación mediante anoxia realizado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico durante 22 días, así como labores de consolidación de la madera, fijación de la policromía y reintegración cromática de las zonas afectadas.
Los estudios radiológicos y microscópicos realizados durante el proceso permitieron además adoptar una decisión de especial relevancia desde el punto de vista patrimonial: conservar el repolicromado realizado en el siglo XIX. Los restauradores consideraron que esta intervención histórica poseía suficiente calidad artística y valor documental para mantenerse como parte de la evolución de la obra, calificándola como un “añadido histórico”.
Asimismo, se ha actuado sobre el sistema articulado de los brazos, conservando los mecanismos originales, pero incorporando nuevos elementos que permitirán facilitar las labores de vestido y desvestido de la imagen sin comprometer su integridad estructural.
La comunidad de Monjas Mínimas expresó durante el acto su satisfacción por la culminación de los trabajos. La Madre Superiora subrayó el significado que la imagen tiene para generaciones de fieles y vecinos, recordando que conservar el patrimonio supone “preservar la historia, la fe y las emociones de quienes durante tantos años han rezado ante esta bendita imagen”.